|
SONATINAS DE OTOÑO I) Estos signos que dibujo al aire, son visibles sólo en tardes cuando el sol -vecino curioso- se cuela bajo las nubes con todas sus ramas. Si los ves, digo, pensarás en el otoño, y con viento, fortuna y azares a favor, sientas mi ocaso. Se espejará, entonces, en tus ojos -polvo viejo del mundo- mi pecho, en espera de tus manos.
II) Ayer decía: De otoños trato... a vos, que asientas tu planta entre primavera y verano, pozo airón vengo a contarte de mi estación
de vid madura y mies lograda, donde mi aguerrido corazón funde primaveras y veranos.
III) ¿Conoces la conseja de la culebra circundada por cerco de baba arteramente dispuesto por un sapo, donde la culebra escoge la muerte a vulnerar el círculo embrujado? Como la culebra, incapaz me reputo de quebrar este silencio con un ruidito de hormiga, un crujido de arena a tu paso. Al rigor de este silencio me desangro.
IV) No preguntes cómo veo el mundo. Los mis ojos
sufrieron el esmeril de los años. No preguntes cómo veo el mundo. Te contaré, más bien, el seguro buril que te figura bajo el paño de mis párpados. Cuando arribe la noche a mis ojos, pediré tus ojos para amarte.
V) Si en el otoño planté mi estaca, es, por el sólo designio de llegar a tus días como una hoja, para no lastimarte. En desgranar los días me encuentro sabio... Por eso, niña, es que sé como colmarlos. Lo que ignoro es cómo dar reposo
a esta sed de tenerte en mis brazos.
VI) Es tan larga la espera que en ella siento inmortalizarme. ¿Es que se mella el filo del deseo de tanto ejercitarlo? Tan hondamente te miré, que hoy mejor te sé con los ojos cerrados. Avaro fue el tiempo
de estar a tu lado. Pulsé el infinito en esos instantes. La eternidad es recuerdo de ese instante.
VII)
Persigo una fortuna mayor que la que puedo darte- Temo, por ello, perder toda fortuna porque extraño sería
que me dieras algo tú, que nada me debes, que no me debes nada. Pero, ¡qué inicuo sería el mundo, si sólo los deudores dieran algo! VIII) Constante pregunto qué pensarás cuando me anime a rozarte con hoja volandera, con ruidito de hormiga, con crujido de arena a tu paso. Cuando eso ocurra, verás que ya soy otro porque en otro me trocaste y que ya otro, decidí contigo dejarme.
IX) Esta pena no me deja. Simplemente, me sirve de vanguardia. Al recibir tu herida mi corazón fue creado. Esta herida no me basta.
Ansío heridas nuevas que acudan a salvarme. Un día violentaré cierta puerta para dejar de buscarte, porque al fin habrás llegado.-
en “Ojos al viento”, editorial Último Reino, 1997. Carlos H. “Tata” Herrera
|